Un animac con los hermanos Quay

Ayer domingo llega a su fin una nueva edición de Animac (Mostra Internacional de animación de Cataluña) que se celebra cada año en Lérida. La décima edición de este festival ha estado marcada por el repaso de la filmografía de los Quay brothers y que, además, ha contado con la presencia de los siempre controvertidos gemelos, Timothy y Stephen.

Como suele ser habitual, la pantalla de Animac estuvo repleta de cortometrajes elaborados en la técnica stop-motion (animación con marionetas) y animación tradicional. La animación 3D, por tanto, quedó relegada a un segundo plano. Y es que el estilo del festival valora por encima de cualqier otro aspecto, el valor plástico de las obras.

Si hubiese que ponerle un "pero" a Animac 2010, éste sería al ambiente del festival entre bastidores. Es decir, ¿qué hacer entre proyección y proyección? La oferta de entretenimiento en este sentido se reducía a una pequeña cafetería, un pequeño taller de animación y a unos cuantos expositores comerciales, fundamentalmente de escuelas de 3D. En mi opinión la ensencia del festival debe estar tanto dentro de las salas de proyección como fuera de ellas.

Quay Brothers

Los gemelos Quay nacieron en Pennsylvania en 1947. Sin embargo, después de estudiar ilustración en la Philadelphia College of Art, se mudaron a Londrés, donde desarrollan desde entonces su trayectoria profesional. El trabajo de los Quay no es fácilmente calificable, aunque sigue una línea entre el surrealismo y el tenebrismo. El germen de su obra está en la fusión de los grandes clásicos como Buñuel, Bergman o Antonioni y la animación de Europa del este. El princial referente es el checo Jan Svankmajer.


Las películas de los Quay, independientemente de que sean en acción real o animación (siempre con marionetas), están basadas en la banda sonora. Es la música, como elemento abstracto y evocador, el que determina la visión de la realidad de los gemelos.

Como principales películas de su filmografía, podríamos destacar Institute Benjameta (1996), The phantom museum (2003) y Street of crocodiles (1986), además de un puñado de cortos repletos de tétricos cachibaches que toman vida al son de la música y de la mano (o manos) de los hermanos Quay.

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