Anomalisa, un más que notable debut de Chalie Kaufman en el cine de animación

Si uno piensa en Charlie Kaufman, guionista de Olvídate de mí, Adaptation o Cómo ser John Malkovic, y le dicen que va a dirigir y escribir una película en stop-motion, como poco le burbujea el estómago. En mi caso, además del burbujeo, tuve que hacer un buen ejercicio de paciencia, porque desde que me enteré de este proyecto, la verdad es que no he podido dejar de pensar qué puñetas podría salir de ahí. De lo que estaba bastante seguro, es que sería algo curioso. Y después de ver la película lo confirmo, Anomalisa, el debut de Charlie Kaufman como director de una película animada, resulta extraño y emocionante al mismo tiempo.


Si tuviese que definir la película de alguna forma sería como realista y descorazonadora. Tanto por la historia, que aborda un tema tan universal como la soledad de una forma bastante cruda, como por el tipo de realización de la película. El ritmo es lento y se suceden los planos largos que se recrean en acciones puramente cotidianas, que llegan a resultar incómodas, pero enormemente efectivas narrativamente. Realmente se puede sentir la apatía y el vacío del protagonista de la historia, Michael Stone, una especie de coach para departamentos de servicio de atención al cliente que se hospeda en un hotel de Cincinnati, a la espera de dar una conferencia. Si el argumento te está sonando un poco a Lost in Traslation no andas muy desencaminado. Va por ahí la cosa. 





Para todos los que estén familiarizados con la forma de narrar de Kaufman, el lenguaje de la película les resultará muy familiar. Se nota claramente la firma, menos enrevesado que de costumbre, pero directo a hurgar en los miedos más profundos del ser humano, como siempre. El hecho de que sea en animación no ha restado un ápice de realismo ni crudeza a su forma de contar historias. Y la decisión de hacerla en stop-motion, realmente le ha aportado un plus a la película. Y no precisamente por la belleza de la animación, más bien todo lo contrario. Casi se podría decir que la falta de appeal por todos lados, tanto en el diseño como en la animación de los personajes. Y esto, paradójicamente, potencia el efecto dramático de la película generando unos personajes distantes y fríos.



Los personajes son unos muñecos bastante feos, que por lo general no les da ni para maniquí del Corte Inglés, y por los que resulta enormemente complicado tener alguna simpatía. Mezcla un diseño bastante realista, aunque un tanto aberrante de proporciones, con elementos que te recuerdan constantemente que lo que tienes delante es un muñeco, como por ejemplo el hecho de tener las caras separadas en diferentes piezas. Todo esto hace que los personajes resulten bastante grimosos, por no hablar de la decisión narrativa que se han marcado con los personajes femeninos. Me voy a ahorrar el spoiler, pero cuando veáis la película sabréis reconocer perfectamente a qué me refiero :) De primeras confunde mucho, pero me ha parecido un recurso súper original y, sobre todo, efectivo.


Si bien es cierto que, como comentaba más arriba, todos estos elementos tan distantes que conforman los personajes te impiden conectar con la mayoría de ellos e incluso llegan a generar cierta repulsión, no hay duda que esto es una decisión puramente narrativa y estética con un fin muy claro, sentir el mundo como lo siente el protagonista de la historia. Y es precisamente éste quien monopoliza los momentos cálidos de la historia. Cuando el personaje tiene que transmitir, realmente transmite.



Pero como digo, este tipo de planos tan cálidos y cercanos, están contados con los dedos de una mano, focalizados todos en el protagonista y en momentos muy concretos de la trama. Son destellos de vida en un universo de maniquíes desangelados. El mundo que Charlie Kaufman ha construído para hablarnos de la soledad en esta película intimista y profunda, que en mi opinión pasa con buena nota.

Es un gusto poder encontrar una película de animación de este tipo. Es un desperdicio para la técnica y la industria que la animación quede relegada al cine infantil o de mero entretenimiento. La animación, en cualquiera de sus modalidades, tiene una poderosa capacidad de expresión y de experimentación. Hay mil caminos narrativos y estéticos que pueden servir de un medio maravilloso para canalizar nuevas y poderosas historias. También historias adultas. Directores como Charlie Kaufman pueden pecar en muchas ocasiones de un exceso de excentricidad en su forma de contar historias, pero también tienen la maravillosa virtud de proponer nuevos caminos y de tomar el riesgo de contar al gran público (no al de los circuitos meramente independientes) otro tipo de películas; o las mismas películas pero contadas de otra forma. Ambas situaciones son muy válidas y que no falten nunca quien se atreva a llevarlas a cabo.

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